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 IGLESIA DE SANTIAGO DEL BURGO

 

La iglesia de Santiago del Burgo, fue fundada cuando la Ciudad no tenía cerradas las murallas del segundo recinto, por eso la el templo tiene una torre acastillada, de difícil acceso. Alrededor de ella surgió la Puebla del Burgo, una zona nueva de la Ciudad en la que pronto se edificaron más iglesias en sus alrededores. Como la de San Salvador de la Vid, San Gil o San Torcuato, etc. Hasta los arreglos de las Diócesis en el S. XIX, perteneció a la de Santiago de Compostela. Hoy depende de la Diócesis de Zamora y de la parroquia de San Vicente Mártir.

 

La iglesia de Santiago pertenece al grupo de iglesias hechas por el mismo taller de Zamora, que son por orden de construcción, con probabilidad, esta iglesia , San Esteban, El Espíritu Santo y Santa María de los Olleros.

Este grupo se caracteriza por repetir casi todas las marcas de cantería en sus sillares de unas a otras, usar en la primera y la tercera rosetones prácticamente idénticos, y sobre todo, la desnudez decorativa, que no le quita valor sino que lo aumenta. También son sus plantas basilicales de tres naves, excepto en el Espíritu Santo, y sus cabeceras planos, las últimas del románico zamorano, que tuvo por suya esa manera de hacerlas, a la manera de la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave (Zamora).

   

Este edificio es después de la Catedral de El Salvador el que mejor ha conservado su estilo románico. De hecho esta sólo alterada por una bóveda flamígera en el último tramo de la nave de los Evangelio y la pequeña sacristía gótica adosada a la nave norte, que por su sencillez no desentona del conjunto.

Es de planta basilical romana, con tres  naves, acabados su tres cabeceras planas, a la manera de Zamora. Los muros se amenizan con la repetición de los contrafuertes y de las ventanas situadas a media altura de los muros. Los aleros y las impostas que corren por los muros son todos de imposta zamorana. Los canecillos repiten el mismo modelo alterno, siendo alterados sólo por algunos zoomorfos en la nave norte.

 

Las ventanas son aspilleras enmarcadas bajo un arco, que en los lienzos norte y sur se convierten en arcos sujetos por columnillas con capiteles de decoración vegetal, excepto en el bajo de la torre, simplificada para reforzar la zona. De todos las ventanas, las mejor acabada es la del ábside central, modelo de la de San Esteban, y que en este templo conserva su reja románica original.

  

La fachada oeste es muy original, siguiendo el modelo de la Puerta del Obispo del Catedral se abre en ella una portada idéntica a la de la Puerta del Obispo de la Catedral, se orna con capiteles vegetales y las arquivoltas con rollos zamoranos, muy de modo en la Ciudad, como en San Pedro y S. Ildefonso,  y copiado su modelo en algunas iglesias asturianas. Las ventanas son aspilleras que se enmarcan bajo un arco que apea en dos columnillas con capiteles vegetales. Sobre todo ello un rosetón de rueda de carro inspirado en el de la iglesia de San Juan de Puerta Nueva, con doble calado aunque idéntico, uno al exterior y otra al interior. A la derecha de la fachada corre el prisma en donde se alejan las escaleras de caracol de la torre, al lado izquierdo una ventana sencilla. Se corona la fachada con la típicas acróteras de estas cuatro iglesias y de la Catedral.

    

La portada norte, que anteriormente daba a un claustro que se ha perdido está directamente inspirada en la de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Su decoración se hace con modillones en todas su arquivoltas. Los capiteles tienen decoración vegetal, esta puerta al igual que la sur, conservan restos de su policromía roja. Sobre ella se abre otro rosetón de doble calado. Con siete círculos perlados. Sobre la unión de dos de ellos aparece una paloma simulando el espíritu santo.

La portada sur, es un alarde de pericia. Sus arquivoltas decoradas con la imposta zamorana, dan paso al único  tímpano zamorano del románico que existe. La  gracia de ésta, reside en que el tímpano está aparentemente en el aire, además el despiece engaña, aunque el despiece del dobelaje interior es el de una puerta adintelada. La puerta también tienen restos de policromía roja.

 

La nave central destaca sobre las laterales, carece de decoración alguna al exterior, excepto los aleros de imposta zamorana y los canecillos alternos.

La parte enfoscada del exterior, corresponde a la zona que se hubo de reconstruir tras reventar una pila, en la actualidad cinchada, durante el s. XIX, la restauración fue ejemplar, una de las primeras con criterio científico, también se hubo de rehacer las bóvedas de se tramo en el interior y recrecer el ábside con varias hiladas de sillería, perdiendo el frontón triangular que si existe en San Esteban.

La torre totalmente acastillada como la de San Andrés o la de la Catedral, se corona con seis machones de piedra para sostener las campanas. EL tejado a cuatro aguas tienen una cruz patada de hierro en la cúspide. La grieta que corre por el muro sur de la torre es consecuencia del  terremoto de Lisboa. Ahora parece que tras los últimos terremotos de los años pasados ( 4,8 Richter ) se ha abierto y sigue su ruina, pendiente de una consolidación final.

El interior se conserva puro, bajo la torre se ensanchan los muros para sostener el acceso a la torre que hoy se hace a cota cero, pero e origen obligaba a subir tres metros por una escalera que se podría retirar. También a su lado quedan restos de una estancia abovedada semidesmontada, que se aprovecharía de tesoro.

Las naves laterales se apuntan ligeramente en su cubrición con bóvedas de cañón de  crucería, aunque más la norte por ser algo más estrecha. La central sin embargo se cubre con una bóveda de cañón perfecta, excepto en los dos últimos tramos más cercanos al ábside que son de cañón de crucería. El ábside sur, está tapiado y sirve de sacristía.

El central alberga un retablo neoclásico con resabios barrocos, dedicado a Santiago Matamoros. En el ábside norte está ubicado el antiguo altar mayor.

Los capiteles de las naves se alternan entre los vegetales de la nave norte y los historiados de la nave sur, como Sansón desquijarando al León de Nemea o las Aves del Paraíso, picoteando los frutos sagrados.

 

© L. Illana Gutiérrez y A. Fdez Ferrero    

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