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 IGLESIA DE SAN CLAUDIO DE OLIVARES

 

La iglesia de San Claudio de Olivares está considerada junto con la de Santiago de los Caballeros, Santa María la Nueva y la de San Cipriano como una de las más antiguas de la Ciudad de Zamora, estando su erección fechada hacia finales del s. XI.

 

De planta basilical, se estructura en una sola nave, de la que sobresale el ábside semicircular, precedido de un pequeño tramo presbiterial.

El ábside es la parte más antigua que se conserva, puesto que su cercanía al río Duero le ha ocasionado varias ruinas y desperfectos, de tal manera que hoy el muro sur del presbiterio ha perdido el plomo hacia el río. De igual manera el muro sur y el hastial oeste de la nave han sido rehechos varias veces.

 

 

El ábside se decoraba según el proyecto inicial con varias pilastras de las que sólo sólo se hicieron  las adosadas al presbiterio. Las otras quedaron interrumpidas en los fustes. El alero de taqueado jaqués se apoya en varios canecillos muchos de ellos aún conservan la decoración, zoomorfa, otros con personas en posiciones moralizantes, como un hombre que no se sabe si está cagando o masturbándose, probablemente sea la segundo.  Otro en cambio está tocando ¿un arpa?

   

En el muro norte está la puerta, que es tras la del Juicio Final de la Colegiata de Toro, la que tiene  mayor riqueza iconográfica en la provincia de Zamora. En ella se representan en la primera arquivolta decoraciones de hojas carnosas, que quizás simbolizan el Paraíso. Otra arquivolta es un calendario agrícola, lo que parece lógico, en aquella época es lo que había, ¡ no iba a ser un calendario escolar u otro cualquiera! En él se representan los doce meses del año, con el oficio de cada mes. Por desgracia debido a la erosión, y el tipo de piedra, una arenisca de grano fino, algunos meses son irreconocibles, otros como diciembre si lo son, como un hombre cargando a un borrico con leña, o mayo, en que un caballero parte a cazar...

La última arquivolta se orna con figuras de animales y seres endemoniados, y una figura de un hombre con una bolsa al cuello, el avaro, seguido de un diablo, que lo quiere llevar a los infiernos. Sobre la puerta hay una serie de canecillos que debieron de sujetar el pórtico perdido, uno de ellos representa un hombre barbado.

En el interior lo más interesante es el ábside, lo demás está irreconocible porque o está tras el  enfoscado u oculto por el coro, sólo se salvan las aspilleras que se observan desde el interior, y permiten el paso de una poca luz.

Es dentro donde se aprecia la maestría del cantero que talló la decoración de la iglesia, los capiteles del arco de triunfo tienen formas de águilas repetidas varias veces, los del presbiterio igual, además de sirenos, leones, o atlantes en los canecillos que sujetan los arcos fajones del tramo recto.

El presbiterio se ameniza con dos pares de arcos ciegos, influencia del prerrománico asturiano, que es facil de probar, pues se dan en otras iglesias zamoranas de la época, Zamora estaba entonces el reino de Asturias-León, y sobre todo porque los capiteles son idénticos en su labra y temas a otros de una iglesia románica de Asturias, de cuyo nombre no me acuerdo, así es que lo pondré en cuanto me vuelva a la memoria.

De ésta y en ésta iglesia sale y tiene su sede la Hermandad Penitencial del Stmo. Cristo del Amparo o Cofradía de las Capas Pardas, que goza de bastante fama dentro y fuera de Zamora.

Visten la capa de pastor Zamorano y portan para alumbrarse un farol de cuadra, en perpetuo silencio, y sólo roto éste por un bombardino, un cuerteto de metal, y las carracas llevan en procesión al Stmo. Cristo del Amparo, una obra barroca de algún tallista local. Antes de recogerse la procesión se entona por los Hermanos de la Cofradía un Miserere Castellano en honor del Cristo.

 

© L. Illana Gutiérrez y A. Fdez Ferrero    

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