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En Internet desde el 1 de abril de 2005 |
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CASA DEL CID O PALACIO DE ARIAS GONZALO |
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La casa del Cid es uno de los dos palacios románicos que quedan en la Ciudad de Zamora, el otro es el de la Reina Dª Urraca. Los orígenes de población en su solar se remontan a la Edad del Hierro, de la que se encontraron varios restos, principalmente cerámicos, en su solar, durante unas obras de excavación recientes. A mediados del S. X moraba en él el noble D. Arias Gonzalo, Alcaide de la Ciudad. Zamora era residencia habitual del Rey D. Fernando I de León-Castilla y siendo D. Arias tenido en gran valía, se le confió la educación de los infantes del Reino quienes se criaron con Rodrigo Díaz de Vivar, pariente de de D. Arias. De éste periodo le viene que hoy se llame casa del Cid.
Más tarde Rodrigo tras haber fue armado caballero en la iglesia románica de Santiago de los Caballeros o el Viejo. Del edificio, lo que si es seguro que sea románico es la fachada que mira al río, en la cual existen varias ventanas con arcos ligeramente ultrapasados, 1, 2; esto es, de herradura, que bien podrían ser mozárabes o prerrománicos, aunque lo más seguro es que sean de principios del s. XI, y tan sólo tengan una traza arcaizante. En el mismo paño mural más al Este, 4, se observa un postigo con dintel y arco de descarga, 5, en cuyo interior existe una aspillera, 6, 7, se techa con lajas de piedra adinteladas. Su uso es desconocido, aunque es fácil que sea un antiguo portillo de salida de la Ciudad, construido en tiempos del Rey Alfonso III, s. X. Al otro lado, el Oeste, se adosa al palacio la Puerta Óptima 8, del Obispo o de Olivares, de la misma época que el edificio, aunque más remozada que el anterior.
Dentro de la Ciudad la fachada de la Casa del Cid, posee una puerta con arco semicircular, 9, ornada con puntas de diamante, es fácil que sea de origen románico y durante el periodo protogótico o tardorrománico la redecorasen al gusto de la época. A lo largo de este muro se observan los canecillos, de factura y usanza románicas, que sirvieron para sujetar el pórtico que se adelantaba al edificio. Por la calle Doncellas el muro del edificio presenta grandes sillares perfectamente escuadrados, restos de su primera época. En el interior no queda nada del edificio original, salvo un pequeño torreón, reconstrucción historicista, que sin embargo reaprovecha para sus ventanas los dinteles con arcos de herradura que debieron de encontrarse en su solar.
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