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En Internet desde el 1 de abril de 2005 |
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MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE MORERUELA (CERCANÍAS DE LA GRANJA DE MORERUELA) |
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El Monasterio de Moreruela se alza en una llanura semipantanosa cercana al curso del río Esla. Es comúnmente aceptado que fue la primera casa que tuvo en España la orden del Císter, fundada a mediados del s. XII en pleno fervor constructivo románico en Zamora. Alcanzó gran poder y tuvo muchas posesiones tanto en la actual provincia de Zamora como en otros lugares. Gran muestra de ello es la potencia de la iglesia o la magnitud de las ruinas del monasterio. Pero después de la Desamortización cayó sobre él la rapiña y el olvido, quedando de su esplendor las ruinas que hoy se pueden contemplar y restos de algunas aceñas que tenían en el río Esla, hoy bajos las aguas del pantano, además de nombres como el del cercano pueblo de: La Granja de Moreruela, que era en sus orígenes la granja en la que trabajaban los siervos del monasterio. Como el monasterio fue el primero de España de la orden el edifico que edificaron fue una obra de transición, que si aún es románica en sus planteamientos generales incorpora soluciones de protogóticas que después se irían desarrollando y otras erróneas aunque no por ello carentes de originalidad. El edificio de la iglesia que es lo que resta hoy de estilo románico es de planta de cruz latina. La cabecera es lo mejor conservado del templo. La intención de proveer tantas capillas distintas, siete, sin contar el altar mayor, responde a la exigencia de la padres de poder oficiar misa todos los días en ámbitos y altares diferentes. Uno de los primeros errores fueron los dos absidiolos de los transeptos, que entran en colisión con otros dos de la girola. El segundo error fue la baja luminosidad interior de la girola que prácticamente se iluminaba por los óculos de los ábsides y por las ventanas del muro que corre por encima de los fajones de éstos. Se podrían haber hecho mayores o más altos, pero entonces la obra habría perdido estabilidad y en la segundo luz y esbeltez en la capilla mayor. El tercer error aunque menor porque no se nota sino se mira para el techo es la resolución de las bóvedas de crucería de la girola, que resultan torpes para la magnitud y magnificencia del proyecto que se levantó, aunque muchas de sus claves exhiban deliciosos florones perfectamente labrados. Sin embargo donde alcanza la mayor maestría la fábrica es en la capilla mayor, en cuyas columnas, bastante estilizadas y ventanas se alcanza una gran verticalidad, que ya anuncia el gótico inminente.
Es verdad que los nervios de la bóveda de medio horno sobran porque no están sujetando nada, pero el efecto estético es magnífico. El crucero se cubría con una bóveda de crucería apoyada en los cuatro pilares y en las claves de los arcos formeros y fajones, esto incrementaría mucho la oscuridad a pesar de las ventanas de la capilla mayor, con lo que en el hastial sur a resguardo del frío se hizo un óculo bastante más grande de lo normal, para que entrase luz. La cubierta pétrea es añadida en las restauraciones de finales del s. XX, se imita a las de la Catedral de Zamora. Las bóvedas que en el tramo presbiterial de la capilla mayor son de medio cañón, se apuntan en los transeptos, y supongo que en las naves laterales a juzgar por los restos, serían de crucería. En la nave central o bien eran de cañón apuntado, hipótesis nada descabellada a juzgar por los destreza del equipo constructor que bien pudieses haber venido de Zamora, puesto que muchas marcas de cantero son similares a las de los templos románicos más tardíos de la capital, o bien eran de crucería protógótica, hipótesis esta última más difícil por su complicación y mala ejecución en la girola. La nave lateral es bastante más ancha que las laterales, con lo que quedaron éstas últimas algo angostas. Con todo edificio acabado tuvo que ser, al menos en el interior, en la nave central, algo parecido a la nave central de la Catedral de Zamora. La puerta de los muertos, por la que sacaban los restos de los monjes para enterrarlos alrededor de la cabecera, es un muy buena síntesis de todo el conjunto: sencillez, ausencia de decoración y si la hay vegetal (capiteles), nuevas formas, (el menos en Zamora, como es el tímpano) y destrucción y ruina, como indica la falta de fustes bajo los capiteles y que esté condenada. Se conserva aún parte de la sala capitular y de otras sala semienterrada y cubierta con bóvedas de media esfera sobra los muros y dos pilares centrales, cuyo uso se desconoce; de los dos claustros que tuvo sólo las trazas en planta; del ala de novicios las paredes, y la cerca del monasterio casi completa.
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