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 EL ROMÁNICO EN INVIERNO (todo el años menos tres meses de infierno)

 

 

DEDICADO A LOS FOREROS DE METEORED

Y que decir de la nieve, es con mucho la más bonita, y las más incómoda, no es un meteoro diario, pero si habitual de los inviernos, los años normales es fa´cil que llegue a nevar 2 ó 3 días, en los que todo se para, se silencia y queda cubierto por una capa tranquilidad.

   

El río Duero ya no se hielo, pero los edificios si pueden coger la niebla, guardarla y mostrarla. Vistas desde San Frontis de las aceñas de Olivares y la Catedral de Zamora.

 

La catedral de Zamora, desde la calle del Troncoso, el parque del Castillo, la plaza de su mismo nombre, o desde un plazuela anexa en la que el sol ya aparecía.

 

La catedral de Zamora es con diferencia nevada, como más bonita está, su claustro herreriano, un detalle de los pinganillos que bajan del cimborrio,

 

Una vista desde la Rúa de los Francos, con una nevada somera, o desde la plaza de la catedral, o aún mejor desde su altura, con el tejado nevado, y todo el valle del Duero a sus pies.

   

Bien debieron de hacerlo porque en donde no hay teja nada de nieve se agarra, sólo en donde está algo llano.

Si se sube al torre veremos el valle del Duero, con el puente románico, San Claudio de Olivares,

   

el castillo de Zamora, y otra vista más cercana de San Claudio desde la torre y desde las murallas de Alfonso III, el Magno, rey de Asturias.

   

Por contra la iglesia de San Esteban, siempre bien guardada por los edificios anexos apenas estaba cubierta.

   

La de Santo Tomé que fue catedral mientras se hacía la actual si se ha cubierto por la nieve.

 

Viriato el pobre, no se puede ir, pero aguanta como mejor puede las inclemencias.

La muralla en el Degolladero, deja ver San Andrés.

Desde su pedestal, Fray Diego de Deza, quien fuera el Inquisidor General del Reino, confesor del príncipe Juan, Obispo de Zamora, Jaén, Palencia, arzobispo de Sevilla y primado de Toledo, Gran Canciller de Castilla, Capellán Mayor y amigo de Cristóbal Colón, sigue observando el paso del tiempo.

San Cipriano antiquísima se cubre con un pequeño manto blanco.

La calle de Balborraz por suerte sin nieve en el suelo.

La Ciudad moderna, desde el portillo de la Cuesta del Mercadillo, o el parque del Castillo con las ruinas de los Jerónimos, el portillo de la Traición, por el que entró Bellido Dolfos tras dar muerte al Rey D. Sancho en 1072.

   

El Castillo de Zamora aparece en el parque bien cubierto de nieve,

   

las murallas de la Ciudad nacen en sus muros, algunas se estaban arreglando, ¡nunca se sabe si pueden volver a valer!, al fondo el glorioso Campo de la Verdad y Santiago de los Caballeros.

   

La foto que no podía faltar, el Merlú en San Juan de Puerta Nueva.

Curiosamente asentada la nieve, sólo sobre la hierba, alrededor de San Isidoro o el Carmen del Castillo.

Y para acabar Santa María la Nueva, ya llovía y se estaba derritiendo, pero aún perduraba algo, sobre las tejas, el empedrado o sobre el sepulcro que sigue en su esquina ajeno a lo demás.

     

El románico bajo la cencella, la nieve, entre la niebla.

 

© L. Illana Gutiérrez y A. Fdez Ferrero    

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